La Red Sísmica Canaria registra un nuevo enjambre de microseísmos en el entorno del pico, el octavo desde 2016, vinculados a la inyección de fluidos magmáticos
La isla de Tenerife ha amanecido este miércoles con la mirada puesta en el Teide tras una noche de intensa actividad sísmica. Desde las 20:00 horas del pasado lunes, la Red Sísmica Canaria ha contabilizado más de 300 eventos de muy baja amplitud en el entorno del edificio volcánico. Aunque estos microseísmos resultan imperceptibles para la población, la persistencia de las señales ha mantenido en alerta a los instrumentos del Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan) durante horas.
Un fenómeno recurrente: el octavo enjambre en una década
Este nuevo episodio no es un hecho aislado. Se trata del octavo enjambre sísmico de características similares que registra la isla desde el 2 de octubre de 2016. En la última década, el Teide ha protagonizado secuencias parecidas en fechas clave como junio de 2019, julio de 2022, noviembre de 2024 o agosto de 2025. El precedente más inmediato data de hace apenas unos días, el pasado 12 de febrero de 2026.
Aunque esta secuencia ya no sorprende a la comunidad científica, el fenómeno no pasa inadvertido. Los expertos coinciden en que describe una actividad interna más intensa de lo habitual y sostenida en el tiempo, un escenario que no muestra evidencias de remitir.
¿Qué sucede en las profundidades del sistema volcánico?
La hipótesis principal manejada por los vulcanólogos apunta a la inyección de fluidos magmáticos en el sistema hidrotermal de Tenerife. Los científicos aclaran que no se trata de magma ascendiendo de forma directa hacia la superficie, sino de gases y fluidos calientes que, a varios kilómetros de profundidad, interactúan con las rocas y las aguas subterráneas.
Este proceso de reajuste es el que genera los pequeños terremotos, muchos de los cuales presentan señales denominadas «híbridas». Además de la sismicidad, existen otros dos factores que corroboran este incremento del «ruido volcánico» desde 2016:
- Emisiones de CO₂: Se ha detectado un aumento en la emisión difusa de dióxido de carbono en el cráter del Teide.
- Deformación del terreno: Los instrumentos han registrado una ligera deformación en el sector noreste del edificio volcánico.
Sin riesgo de erupción inminente
A pesar de lo llamativo de las cifras, Involcan ha lanzado un mensaje de tranquilidad a la ciudadanía. El organismo asegura que este enjambre no implica variaciones en la probabilidad de una erupción a corto o medio plazo. «No hay, por ahora, indicios de un proceso eruptivo inminente», han subrayado los portavoces científicos.
No obstante, el Teide —el pico más alto de España y cuya última erupción en el complejo insular fue la del Chinyero en 1909— permanece bajo una vigilancia constante y avanzada. La actividad registrada es, en definitiva, el recordatorio de que el volcán sigue vivo y en constante proceso de reajuste interno.




















