Tanto formaciones de la coalición gubernamental como de la oposición condicionan la cooperación y los vínculos con España a la defensa de su integridad territorial, criticando además la reciente visita institucional del rey Felipe VI.
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Redacción / Ceuta
El escenario político marroquí ha vuelto a poner el foco en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Durante el debate sobre el programa del nuevo Gobierno —presidido por Fatima Ezzahra el Mansouri— en el Parlamento de Marruecos, diversas formaciones políticas exigieron la soberanía de su país sobre ambos enclaves, avivando de nuevo la tensión diplomática con España.
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Exigencias desde el Ejecutivo y partidos oficialistas
El Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), de tendencia liberal y al frente de la coalición gubernamental, solicitó que prosigan las labores diplomáticas para culminar lo que denominan la «unidad territorial» de Marruecos, reclamando la recuperación de Ceuta, Melilla y otras islas de la zona mediante una vía pacífica y basada en la legitimidad histórica.
Por su parte, el partido Istiqlal (PI), socio también en el Ejecutivo, advirtió de que la asociación estratégica con España no puede desarrollarse a costa de los principios de su soberanía territorial. La formación subrayó que las relaciones bilaterales no deben utilizarse como un instrumento de presión o chantaje, abogando por que las diferencias se gestionen desde el diálogo y el respeto mutuo.
Críticas de la oposición a la visita del Rey Felipe VI
Las posturas más duras vinieron por parte de los grupos de la oposición. El Partido Justicia y Desarrollo (PJD), de corte islamista, condenó con firmeza la visita realizada el pasado día 13 por el rey Felipe VI a Ceuta, a la que calificaron de «ciudad ocupada». Asimismo, rechazaron las actuaciones y campañas procedentes de sectores políticos europeos hacia los intereses marroquíes, haciendo eco de las palabras del rey Mohamed VI sobre que la cooperación bilateral nunca estará sujeta a presiones o amenazas.
En la misma línea, la Coalición de Izquierdas reafirmó que la unidad territorial sobre los enclaves norteafricanos constituye un principio inquebrantable, intensificando un discurso que vuelve a cobrar protagonismo tras los recientes episodios de crisis migratoria y fronteriza en la región.













