El portavoz de ERC exigió responsabilidades políticas durante su intervención en la Diputación Permanente y lanzó duras críticas por la crisis ferroviaria, aunque los micrófonos captaron un inesperado apoyo personal al exministro tras anunciar su renuncia.
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Intervención crítica y exigencia de dimisión
La comparecencia de Óscar Puente en la Diputación Permanente del Congreso —tras el grave accidente ferroviario de Urda (Toledo) y el balance acumulado de víctimas en el sector— generó un intenso debate político. Entre las reacciones más destacadas estuvo la del portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Gabriel Rufián, quien combinó el reproche político con el análisis estructural de la crisis de la alta velocidad y los trenes de cercanías.
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Durante su turno, Rufián reconoció que Puente «da la cara» en comparación con otros políticos, pero interpeló directamente al hemiciclo sobre la doble vara de medir en función de las siglas: “¿Qué diríamos, qué haríamos, qué pediríamos si fuera un ministro del PP el que tuviera más de 100 muertos encima de la mesa después de nueve meses?”. El diputado republicano enfatizó que la izquierda debe exigirse mayores estándares de responsabilidad ética y política («la izquierda somos otra cosa»), recalcando que el sistema ferroviario actual arrastra fallos graves de mantenimiento y saturación operativa.
El giro final y el susurro captado por los micrófonos
Pocos minutos después de las interpelaciones más duras, el propio Óscar Puente sorprendió a la cámara anunciando su dimisión irrevocable como ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, así como su renuncia a ser cabeza de lista en las próximas elecciones generales, apelando a la «dignidad política, coherencia y empatía con las víctimas».
El desenlace provocó un cambio inmediato en el tono de las reacciones parlamentarias. Al término de la sesión, los micrófonos ambientales del Congreso captaron el momento en que Gabriel Rufián se acercó al ya exministro para despedirse y le susurró directamente al oído: «Has sido un gran ministro», un gesto de apoyo personal que contrastó con la severidad dialéctica exhibida durante el debate institucional.












