El presidente Isaac Herzog eleva la tensión al máximo tras la negativa de Madrid a permitir el uso de las bases de Morón y Rota para la ofensiva contra Irán. El choque diplomático sitúa a España bajo la amenaza de represalias comerciales de EE. UU.
La relación diplomática entre Israel y España ha entrado en una fase de hostilidad abierta. El presidente de Israel, Isaac Herzog, lanzó este jueves un durísimo ataque contra el Gobierno de Pedro Sánchez, acusando al país de «jugar un juego extraño e incomprensible» y de desertar de sus responsabilidades como miembro de la OTAN y de la Unión Europea en plena guerra contra el régimen de Teherán.
Desde una sede de bomberos en Rishon Lezion, Herzog no escatimó en reproches, señalando que la actual crisis regional está sirviendo para distinguir a los «aliados comprometidos» de aquellos que, como España, parecen haberse desmarcado de la coalición internacional.
El detonante: El cierre de las bases de Morón y Rota
El origen de este profundo malestar radica en la decisión estratégica del Ejecutivo español de denegar el uso de las instalaciones militares de Morón (Sevilla) y Rota (Cádiz) para las operaciones de castigo contra Irán. Esta medida no solo ha enfurecido a Jerusalén, sino que ha provocado una reacción en cadena en Washington: Donald Trump ya ha amenazado con un corte total del comercio con España como represalia por este bloqueo logístico.
Para Herzog, la postura de Madrid es incompatible con los objetivos de la «formidable coalición» que busca, en sus palabras, «destruir las capacidades del imperio del mal de Irán». Según el mandatario israelí, España ha quedado «fuera de juego» en un tablero donde la seguridad regional está en juego.
Contrastes regionales: Elogios al Líbano
En un giro inesperado, mientras Herzog atacaba la política exterior española, dedicó palabras de reconocimiento al Gobierno del Líbano. El presidente israelí calificó de «paso valiente e importante» las recientes investigaciones de Beirut sobre la infiltración de la Guardia Revolucionaria iraní en su territorio.
Este contraste subraya la visión de Jerusalén: mientras un país vecino y tradicionalmente hostil como el Líbano toma medidas contra la influencia iraní, un socio histórico y aliado de la OTAN como España opta por la neutralidad operativa.
«Vemos quiénes nos respaldan, quiénes se comunican y nos apoyan, y también vemos a países como España», sentenció Herzog, dejando claro que Jerusalén tomará nota de la posición de Madrid en la posguerra.




















