Los presidentes autonómicos aprovecharon sus tradicionales mensajes de fin de año para marcar perfil político de cara a 2026, en un contexto nacional dominado por la polarización, las tensiones territoriales y la incertidumbre institucional. Entre ellos destacó el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, que lanzó un llamamiento directo a la ciudadanía para no caer en la confrontación política como estrategia para ocultar problemas internos.
En su discurso, García-Page denunció que la crispación política actual responde a un “diseño interesado” y pidió no “seguir el juego a quienes buscan el enfrentamiento para esconder sus miserias”. Sin mencionar expresamente al presidente del Gobierno, dejó entrever una crítica a la estrategia de Pedro Sánchez, especialmente en un momento marcado por las acusaciones cruzadas entre el Ejecutivo, el PP y Vox por presuntos casos de corrupción.
El dirigente socialista, uno de los más críticos dentro de su propio partido, defendió la necesidad de huir del frentismo y de la política del odio, al considerar que “no es inteligente ni útil obligar cada día a los ciudadanos a tomar partido”. Frente a ese clima, reivindicó la “armonía”, la “moderación” y el “sentido común” como señas de identidad de su Gobierno autonómico, al tiempo que aseguró que Castilla-La Mancha no aceptará privilegios territoriales que la perjudiquen.
También subrayó la importancia de la autocrítica en la acción pública y reafirmó que su comunidad “no pretende más que nadie, pero tampoco consiente menos”, en referencia a las concesiones del Gobierno central a los partidos independentistas.
Otros presidentes autonómicos optaron por mensajes de tono más institucional. El presidente de Asturias, Adrián Barbón, evitó entrar en la confrontación política y centró su intervención en la defensa de la convivencia, la aprobación de los presupuestos autonómicos y el recuerdo a las víctimas de accidentes laborales en la minería. En una línea similar, el presidente de la Xunta de Galicia, Alfonso Rueda, reivindicó una política “previsible” y alejada del ruido, mientras que Juanma Moreno, en Andalucía, apeló a la serenidad y la tolerancia como motores del crecimiento económico.
Desde el País Vasco, el lehendakari Imanol Pradales endureció el tono frente al Gobierno de Sánchez al advertir que “se le agota la paciencia” ante los incumplimientos en el traspaso de competencias, reclamando “todas las herramientas” para gobernar Euskadi. En la Comunidad Valenciana, Juanfran Pérez Llorca centró su primer mensaje de fin de año en la financiación autonómica, la gestión del agua y la reconstrucción tras la dana.
Los discursos reflejaron así un mapa político diverso, pero con un denominador común: la preocupación por la polarización y la necesidad, expresada por varios dirigentes, de recuperar el diálogo, la estabilidad institucional y una política centrada en la gestión frente al enfrentamiento permanente.


















