La detención de la cúpula de ETA en Bidart (Francia) el 29 de marzo de 1992 supuso un duro golpe policial para la organización terrorista, pero también marcó el inicio de un cambio estratégico que desembocaría en una de las etapas más oscuras de la violencia en Euskadi: la denominada “socialización del sufrimiento”.
Este nuevo planteamiento, que comenzó a aplicarse a partir de 1995, amplió de forma deliberada los objetivos de ETA y de su entorno a amplios sectores de la sociedad vasca. A través de la violencia de persecución y la kale borroka, el terror dejó de dirigirse únicamente contra cargos políticos o fuerzas de seguridad para extenderse a concejales, periodistas, empresarios y ciudadanos señalados por no compartir el ideario de la izquierda abertzale.
Los orígenes, desarrollo y consecuencias de esta estrategia quedan recogidos en la exposición “Socializar el sufrimiento (1995-2010)”, inaugurada este miércoles en el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, en Vitoria. Comisariada por los historiadores Antonio Rivera y Eider Nafarrate, la muestra reúne documentos, objetos, imágenes y testimonios que explican esta etapa clave del terrorismo de ETA.
La exposición opta por personalizar el dolor causado a través del testimonio de Asun Olaeta, viuda de Joseba Markaida, concejal socialista en Getxo. Durante la presentación, Olaeta relató el acoso sufrido por su familia por parte de sus propios vecinos y recordó el ataque con cinco cócteles molotov contra su vivienda en enero de 2001. Algunos restos de aquel atentado, como un calcetín calcinado y fragmentos de cristal, forman parte de la muestra.
“¿Cómo se puede odiar a un compañero de juegos de toda la vida?”, se preguntó Olaeta, quien explicó que dos de sus hijos tuvieron que cambiar de centro educativo, uno de ellos incluso de ciudad, debido al hostigamiento constante. Aunque reconoce que aquella etapa quedó atrás, advirtió del riesgo del olvido: “No se puede olvidar que hubo vecinos que vinieron a matarte”.
Junto a estos objetos, la exposición incluye pertenencias de otras víctimas emblemáticas, como el concejal del PP Manuel Zamarreño o Fernando Buesa, exvicelehendakari y dirigente del PSE, ambos asesinados por ETA.
El recorrido histórico arranca en Bidart y analiza documentos clave del debate interno de la izquierda abertzale, como la ponencia Oldartzen aprobada en 1995. Aunque este texto no menciona explícitamente la “socialización del sufrimiento”, sí contiene elementos que encajan con esa estrategia. Además, la muestra recoge declaraciones de dirigentes abertzales que evidencian esa teorización implícita, como las palabras de Juan Mari Olarra en 1995: “Hasta ahora solo hemos sufrido nosotros; ahora el sufrimiento empieza a repartirse”.
Según los datos aportados por Nafarrate, entre 1995 y 1997 se registraron cerca de 3.000 atentados de ETA y de su entorno, lo que refuerza la tesis de una estrategia deliberada. El historiador Raúl López Romo subrayó que se trató de una violencia “comunitaria”, legitimada por un sector social concreto y no solo ejecutada por miembros de la organización armada.
La exposición concluye con un análisis del contexto político de la época y señala los “graves errores” cometidos, en palabras de Antonio Rivera, tras el Pacto de Lizarra, que excluyó a los no nacionalistas de la vida política vasca. “ETA estuvo a punto de lograr su objetivo: una sociedad dividida en dos bandos y un gobierno que gobernara solo para una parte”, advirtió.


















