La coincidencia entre los 31,5 millones destinados a renovar ‘La Revuelta’ y la urgencia financiera de Mariano Barbacid para sus ensayos clínicos desata una oleada de indignación en la comunidad médica.
España se encuentra en este febrero de 2026 ante un espejo que devuelve una imagen incómoda sobre sus valores como sociedad. Mientras el equipo del reputado investigador Mariano Barbacid alcanza una cumbre científica sin precedentes —lograr la eliminación del cáncer de páncreas en modelos animales—, la falta de respaldo institucional amenaza con detener el avance justo antes de llegar a los pacientes. La paradoja alcanza tintes dramáticos al conocerse que el presupuesto necesario para salvar vidas coincide, casi euro por euro, con el coste de mantener el entretenimiento en la televisión pública.
La ciencia de élite, obligada a la filantropía
El avance liderado por Barbacid en el CNIO no es un descubrimiento más; es la esperanza real para una enfermedad que hoy es una sentencia de muerte para el 95% de quienes la padecen. Sin embargo, para que esos resultados de laboratorio se conviertan en fármacos y ensayos con humanos, se requieren 30 millones de euros.
Ante la ausencia de una partida estatal que garantice este salto, la comunidad científica ha tenido que activar un «plan de emergencia»: recurrir a la Fundación CRIS contra el cáncer y pedir a los ciudadanos que financien, a través de sus ahorros personales y campañas de microdonaciones, lo que debería ser una prioridad estratégica de Estado.
El millonario blindaje del entretenimiento
El contraste se ha vuelto insoportable para muchos tras el anuncio de RTVE. El ente público ha garantizado la continuidad de David Broncano y su programa ‘La Revuelta’ con un contrato que asciende a 31.555.572 euros por las próximas dos temporadas.
Resulta difícil para el ciudadano medio digerir que, en un país con récords de recaudación fiscal, el dinero público fluya con agilidad para asegurar las cuotas de pantalla nocturnas, mientras que el descubrimiento oncológico más importante de la década deba «mendigar» su existencia en las redes sociales y a través de Bizum.
Un clamor desde las batas blancas
La indignación no ha tardado en viralizarse, personificada en voces como la del doctor Aurelio Rojas. El facultativo ha denunciado públicamente que le «hierve la sangre» al ver cómo el progreso se entiende como una batalla por el prime time y no como una inversión en la vida de las personas.
Rojas y otros profesionales denuncian una anomalía estructural: España se cuelga las medallas de los éxitos de sus científicos pero les retira el suelo cuando llega el momento de la inversión real. Según los expertos, este modelo de «investigación por caridad» es insostenible y sitúa a España en una posición de vulnerabilidad, donde los hallazgos nacionales acaban siendo explotados por potencias extranjeras que sí están dispuestas a pagar el precio de la innovación.
El dilema ético del Día Mundial Contra el Cáncer
Este episodio ha transformado las jornadas de concienciación sobre el cáncer en una plataforma de protesta. El debate ya no es solo sobre si la ciencia es cara, sino sobre en qué decide gastar el dinero un país que se dice avanzado. Sin una rectificación en las prioridades de inversión, hitos como el de Barbacid corren el riesgo de ser recordados como la gran oportunidad que España dejó escapar por preferir el espectáculo a la salud.




















