La anciana de 87 años permanecía en el Hospital Gregorio Marañón desde el 23 de septiembre aquejada de estrés y agotamiento, sin que haya trascendido un diagnóstico oficial por parte de su entorno.
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La muerte de Maricarmen Abascal este miércoles a los 87 años en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid ha cerrado un dramático episodio que comenzó el pasado 23 de septiembre, cuando fue evacuada en camilla de su domicilio durante la ejecución de su desahucio. Tras dos semanas de estancia hospitalaria, la causa concreta del fallecimiento no se ha hecho pública, guardando la intimidad médica tanto su familia como su representación legal y el Sindicato de Inquilinas, quienes no han ofrecido detalles sobre el diagnóstico final.
La anciana fue trasladada al centro sanitario el mismo día del lanzamiento e ingresada de inmediato en el área de observación. Maricarmen presentaba una discapacidad reconocida del 50 % y un severo agravamiento de sus problemas de movilidad en los meses previos. Aunque en las horas posteriores al desahucio las informaciones sobre su estado apuntaban a una situación de estabilidad, los facultativos decidieron mantenerla hospitalizada de forma preventiva ante el cuadro de agotamiento, estrés y crisis de ansiedad derivados de la pérdida de su vivienda.
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Evolución clínica y acuerdo frustrado
Pese a que en un primer momento se contempló un alta médica en un plazo breve de días, la permanencia de Maricarmen en el centro se fue prolongando a medida que se le practicaban diversas pruebas diagnósticas. Durante la última semana de septiembre, su abogada confirmó que la paciente se mantenía estable dentro de la gravedad, al tiempo que se alcanzaba un pacto institucional para que pudiera regresar a la vivienda de la que había sido desahuciada una vez recuperara la salud.
Dicho retorno no llegó a materializarse. El estado de salud de la anciana no experimentó la mejora necesaria para obtener el alta hospitalaria y continuó bajo supervisión médica continuada hasta su fallecimiento en el día de hoy.
Tras confirmarse el óbito, la representación legal de la fallecida y las organizaciones sociales que la acompañaban lamentaron que la solución habitacional alcanzada llegase «demasiado tarde», definiendo el recorrido de las últimas semanas como una «situación absolutamente evitable tras un proceso torturante», si bien han rehusado concretar las patologías exactas que determinaron el desenlace fatal.








