La semana ha sido profundamente complicada para el Gobierno español, pero el jueves se convirtió en el colofón de esta crisis, marcando un día negro en la agenda de Moncloa.
José Luis Ábalos, exministro de Transportes y figura clave en el Gobierno de Pedro Sánchez, ha sido enviado a prisión. Este suceso no solo representa un proceso judicial por corrupción, sino que es una herida abierta para el actual Ejecutivo, que se siente cada vez más acorralado.
El Tribunal Supremo decidió encarcelar a Ábalos y a su ex asesor Koldo García sin posibilidad de fianza, al considerar que el riesgo de fuga era elevado. Este fallo ha dejado a Ábalos sin opción de renunciar a su cargo como diputado, convirtiéndose en el primer parlamentario que se encuentra en prisión mientras ejerce su mandato.
Los impactos políticos de esta decisión son evidentes. La capacidad del Gobierno para aprobar nuevas iniciativas se ve gravemente comprometida, y se reabre la pregunta: ¿será este el fin del mandato de Sánchez?
La situación es aún más delicada al recordar que Ábalos no es el primer secretario de organización del PSOE que termina tras las rejas. Santos Cerdán, quien ocupó el mismo cargo anteriormente, pasó cinco meses en prisión y fue liberado recientemente. Ambos casos han dejado atónitos a los líderes del partido, quienes intentan mantener una fachada de normalidad mientras la presión interna crece.
Desde la oposición, Alberto Núñez Feijóo ha intensificado su ataque, reprochando al presidente Sánchez por su relación con la corrupción en el PSOE. A pesar de haber fracasado en su intento de lograr la dimisión de Sánchez, ha decidido movilizar a las calles nuevamente, llamando a manifestaciones para mostrar el descontento popular ante esta crisis.
El jueves también trajo malas noticias en el Congreso, donde el Gobierno sufrió una derrota significativa al no conseguir aprobar la senda de estabilidad, crucial para la tramitación de los Presupuestos Generales del Estado. Esta situación expuso la debilidad del Gobierno y planteó interrogantes sobre el futuro de su política económica.
En un contexto en el cual el Ejecutivo lucha por mantenerse a flote, se aprobó la designación de Teresa Peramato como nueva Fiscal General del Estado, un movimiento que fue recibido con satisfacción por parte del Gobierno. Sin embargo, esto no conseguirá ocultar la gravedad de las recientes noticias ni neutralizar el impacto que tiene sobre la credibilidad del Ejecutivo.












