El mandatario estadounidense afirma contundentemente que el nuevo acuerdo marco implica que Teherán «nunca tendrá armas nucleares» y descarta inversiones de Washington.
EVIAN.– Donald Trump ha desenterrado el hacha de la guerra dialéctica con Irán apenas 48 horas después de formalizarse la firma «electrónica» del nuevo acuerdo de paz. A su paso por la cumbre del G-7 en Evian (Francia), en la antesala de una crucial reunión con delegados de las monarquías y países del Golfo para abordar la volatilidad en Oriente Próximo, el presidente norteamericano ha vuelto a capturar el foco global con una de sus características e implacables advertencias: «El infierno se desencadenará sobre Irán si intenta dotarse del arma nuclear».
«Lo que cuenta realmente para mí es que Irán no va a poder tener el arma nuclear», recalcó con firmeza el mandatario estadounidense, haciendo referencia directa al «memorándum de entendimiento» suscrito el pasado domingo. Con un tono severo, añadió de inmediato que si Teherán llega a violar lo pactado, «las consecuencias serán increíbles». Asimismo, Trump quiso marcar una clara distancia con las administraciones del pasado, asegurando categóricamente que su país «no tiene ninguna obligación de invertir en Irán» como contrapartida económica, desmarcándose así de la estrategia implementada en su día por el expresidente Barack Obama.
Un documento genérico de página y media
Estas contundentes declaraciones coinciden con las explicaciones ofrecidas por su vicepresidente, JD Vance, quien reconoció abiertamente ante la prensa que el pacto alcanzado con Irán es, por el momento, «un documento muy genérico de apenas página y media». Vance detalló que el texto definitivo se hará público con toda probabilidad antes de la ceremonia protocolaria de la firma física, programada para este viernes en territorio suizo.
El escenario elegido para el trascendental encuentro formal será finalmente el complejo de Bürgenstock, en las proximidades de Lausana. En ese mismo emplazamiento arrancarán de forma simultánea las intensas negociaciones «técnicas» entre las delegaciones de ambas potencias para concretar la letra pequeña de los compromisos adquiridos.
A pesar del escepticismo que despierta la brevedad del documento inicial, las autoridades de Teherán ya han comenzado a registrar los primeros efectos prácticos del acercamiento. El viceministro de Asuntos Exteriores iraní, Makid Takht-Ravanchin, confirmó oficialmente a través de los medios estatales que el Pentágono ha procedido a suspender las restricciones de navegación: «El bloqueo de nuestros puertos se ha levantado antes de la firma oficial», constató el diplomático.
Hasta la fecha, se sabe que el memorándum está desglosado en 14 puntos fundamentales, pero deja los detalles espinosos sobre el programa nuclear y el enriquecimiento de uranio para una posterior ronda de conversaciones que se extenderá a lo largo de 60 días. No obstante, Vance especificó que uno de los puntos estipula claramente la participación de EE. UU. y de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (IAEA) en la destrucción de las reservas de uranio altamente enriquecido de Irán.
La incógnita de Ormuz y el frente del Líbano
Uno de los puntos de mayor fricción logística radica en el Estrecho de Ormuz, un paso marítimo vital para el comercio petrolero mundial. JD Vance expresó la confianza de Washington en que Irán no intentará implantar un peaje o tasa a los buques comerciales que circulen por la zona cuando se reabra por completo este viernes. «Esperamos que el Estrecho se vuelva a abrir sin un peaje a largo plazo, y ese es el tipo de cuestiones que abordaremos en las negociaciones técnicas», puntualizó el vicepresidente, quien viajará a Suiza en representación del Gobierno de Trump para participar en el acto junto al negociador iraquí y mediador, Mohamed Bagher Galibaf.
Por su parte, el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, ha puesto el acento en la dimensión regional del tratado, subrayando que para Teherán el fin de la intervención militar es prioritario. «Este es posiblemente el tema más importante del protocolo: el anuncio del cese inmediato y permanente en todos los frentes, incluido el Líbano», manifestó Araghchi, en alusión a la campaña de Israel contra la milicia chií Hizbulá.
El propio Trump pareció coincidir en la urgencia de apagar dicho conflicto. Durante sus declaraciones previas al almuerzo de trabajo con los representantes de las naciones del Golfo Pérsico, el líder norteamericano hizo una mención explícita al escenario libanés y desveló haber sugerido a las autoridades israelíes que deleguen en Siria el control de Hizbulá. «Demasiadas personas están muriendo», sentenció el presidente de los Estados Unidos, lanzando una evidente crítica velada a la estrategia militar del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.
La comunidad internacional sigue el devenir de los acontecimientos con máxima cautela. Desde los pasillos del G-7, el primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, ratificó que Londres desempeñará «todo su papel» estratégico para garantizar que la navegación comercial libre a través del Estrecho de Ormuz se restablezca lo antes posible.















