El secretario de Defensa, Pete Hegseth, confirma el abordaje del ‘Aquila II’ tras una persecución iniciada en el Caribe. La operación se enmarca en la estrategia de Washington para controlar la distribución global de crudo venezolano tras la captura de Nicolás Maduro.
Las fuerzas militares de Estados Unidos han llevado a cabo una ambiciosa operación de interdicción marítima en aguas del Océano Índico. El objetivo ha sido el Aquila II, un petrolero sancionado que formaría parte de la denominada «flota fantasma» utilizada para evadir los controles internacionales sobre el crudo venezolano. Según ha informado el secretario de Defensa, Pete Hegseth, la maniobra es el resultado de una monitorización constante que comenzó cuando el buque abandonó el Mar Caribe el mes pasado.
Una orden tajante: «Que ninguno escape»
La interceptación del Aquila II se produce en un contexto de máxima presión sobre los activos estratégicos de Venezuela. Tras el intento frustrado de captura del presidente Nicolás Maduro a comienzos de enero, el Pentágono detectó la salida de varios buques de las costas venezolanas. Ante esta situación, Hegseth ha sido taxativo en sus órdenes a los mandos militares: «No importa si tenemos que rodear el mundo para detenerlos; los atraparemos», declaró ante los trabajadores de los astilleros de Maine.
Hasta la fecha, las autoridades estadounidenses han logrado confiscar siete petroleros en el marco de este despliegue global. No obstante, el caso del Aquila II presenta particularidades jurídicas; a diferencia de las capturas anteriores, el buque aún no ha sido tomado bajo control oficial de Estados Unidos y permanece retenido mientras se resuelve su destino administrativo y legal.
Maniobras en la «oscuridad» y despliegue naval
El Aquila II, con bandera de Panamá y registro en Hong Kong, ya contaba con sanciones previas por su implicación en el transporte ilegal de petróleo ruso. Expertos de TankerTrackers.com señalan que el buque es uno de los 16 barcos que huyeron de Venezuela recientemente. Para evitar ser detectado, el petrolero empleó la técnica de «navegar en la oscuridad», manteniendo su transpondedor apagado durante gran parte del último año.
La operación militar en el Índico ha contado con un despliegue de alto nivel técnico. Un oficial de la Marina ha confirmado la participación de los destructores USS Pinckney y USS John Finn, apoyados por el buque base móvil USS Miguel Keith. Imágenes difundidas por el Pentágono muestran a soldados de élite abordando el petrolero desde helicópteros, en una acción que Washington justifica como una respuesta al desafío de la «cuarentena» establecida por la administración Trump en el Caribe.
El control del crudo como objetivo estratégico
Desde los sucesos del pasado 3 de enero relacionados con la captura de Maduro, la administración estadounidense ha intensificado sus esfuerzos por supervisar la producción y refinación del petróleo venezolano a escala mundial. El objetivo último de estas incautaciones es controlar los ingresos derivados del crudo para, según fuentes oficiales, reconstruir la industria energética del país sudamericano.
Paralelamente, este endurecimiento de la vigilancia marítima busca asfixiar el suministro energético a Cuba. El gobierno de Donald Trump ha incrementado las sanciones contra aquellas naciones que faciliten el flujo de crudo a la isla, restringiendo incluso los envíos procedentes de aliados tradicionales como México y Rusia, con el fin de aumentar la presión política sobre el ejecutivo cubano.




















