El sector pesquero y los minoristas de Ceuta atraviesan una de las crisis más severas de su historia reciente. Ahogados por una aduana comercial inoperativa con Marruecos y por las estrictas normativas de pesca del atún rojo que lastran la campaña de la almadraba local, los profesionales denuncian sentirse «asfixiados» y completamente desamparados por las instituciones.
Esta doble tenaza ha provocado un desabastecimiento de capturas locales y un encarecimiento desorbitado del producto, cuyo coste final está asumiendo el consumidor ceutí.
La trampa de la aduana: retrasos de tres días y costes duplicados
Aunque la apertura de la aduana comercial con Marruecos en febrero de 2025 se anunció como un «hito histórico» que permitiría abaratar el precio del pescado, la realidad año y medio después es de una profunda decepción. Desde que Marruecos ordenó su cierre temporal el pasado 15 de mayo con motivo de la Operación Paso del Estrecho (OPE), los pescaderos apenas han notado la diferencia, ya que el canal «nunca ha funcionado con normalidad».
Los comerciantes que intentaron importar género del país vecino se toparon con una insalvable gincana burocrática y logística:
- Pérdida de frescura: Mientras que antes de 2020 los controles veterinarios se realizaban en la propia frontera en cuestión de horas, el sistema actual obliga a llevar la mercancía al puerto para las inspecciones de Sanidad Exterior. El proceso demora el trayecto hasta tres días desde su captura en Marruecos, frente al único día que tarda en llegar desde Mercamálaga.
- Condiciones abusivas de transporte: Marruecos exige el uso de camiones con matrícula alauita y un volumen mínimo de carga de hasta 16.000 kilos. Para el mercado local de Ceuta, acostumbrado a portes diarios de entre 500 y 2.000 kilos, estas cantidades son inasumibles y abocan al desperdicio de producto y a pérdidas financieras.
- Precios disparados: Ante la inviabilidad de importar desde el país vecino, los pescaderos se ven obligados a traer casi todo el género desde la península, lo que duplica el coste de compra y repercute directamente en el bolsillo de los ceutíes, que pagan hasta un 100% más por el pescado.
La paradoja de la almadraba y el atún rojo
La falta de pescado local tampoco encuentra alivio en las aguas de Ceuta. Este año, la almadraba —que genera empleo para unos 20 profesionales durante la temporada— se está cobrando a pérdidas debido a la presencia masiva de atún rojo.
Al tener Ceuta una «cuota cero» que prohíbe taxativamente la captura de este túnido, los trabajadores de la almadraba se ven obligados a levantar las redes para liberar a cualquier ejemplar que se cuele en las mallas. El problema es que, al abrir las redes para soltar al atún, se escapan también el resto de especies autorizadas, como bonitos o caballas.
«Es contradictorio. El país vecino pesca el atún rojo sin restricciones y lo vende a tres euros el kilo en Marruecos. Aquí, si lo cogemos, nos paran el barco de inmediato y nos enfrentamos a multas de una cuantía enorme», lamenta un pescador local.
Los pescadores advierten que la situación empeorará en agosto con la llegada de los «macacos» (atunes de entre 30 y 70 kilos), depredadores voraces que diezmarán aún más las poblaciones de caballa y bonito en el litoral ceutí.
Un sector «en decadencia» y sin relevo
A las trabas aduaneras y las restricciones medioambientales se suma un problema estructural: la falta de relevo generacional en la estiba y la flota local. Las exigentes condiciones de titulación, que obligan a los estudiantes a examinarse en la península (Valencia, Madrid o Alicante) y a acumular años de navegación obligatorios, disuaden a los jóvenes de emprender en el mar.
Los profesionales de la plaza del Mercado Central lamentan la «pasividad» de la Delegación del Gobierno y de la Cámara de Comercio. Mientras los pescadores de la lonja temen que una hipotética reactivación de la aduana hunda definitivamente la competitividad de la pesca local, los vendedores del mercado exigen soluciones inmediatas para evitar que comer pescado en Ceuta se convierta, definitivamente, en un sacrificio prohibitivo.


















