IBIZA – La isla se enfrenta a una paradoja social insostenible a las puertas de su temporada alta. Mientras el sector turístico se prepara para un verano de récord, el Ayuntamiento de Ibiza ha iniciado los trámites para desalojar a cerca de 200 trabajadores que viven en asentamientos precarios, compuestos por casetas y tiendas de campaña, ante la imposibilidad de costear un alquiler en la isla.
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Este grupo de trabajadores —que incluye perfiles esenciales para la economía local como empleados de la hostelería y la construcción— se ha visto empujado a la infravivienda por la falta crítica de recursos habitacionales y los precios prohibitivos del mercado inmobiliario ibicenco.
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Un laberinto sin salida para la mano de obra
Para muchos de estos empleados, este no es el primer desalojo al que se enfrentan. Gran parte de los afectados ya han sido expulsados anteriormente de otros terrenos, viviendo en un estado de itinerancia constante que pone en jaque la estabilidad de los servicios básicos de la isla.
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La situación es crítica por varios factores:
- Falta de alternativa: Los afectados denuncian que, a pesar de tener contratos de trabajo, sus sueldos son insuficientes para acceder incluso a una habitación compartida.
- Presión estacional: El desalojo coincide con el momento en que más se necesita la mano de obra para la apertura de hoteles y restaurantes.
- Efecto dominó: La expulsión de estos asentamientos, sin ofrecer una solución de alojamiento temporal o social, amenaza con desplazar el problema a otras zonas de la isla o forzar la salida de trabajadores cualificados.
El modelo turístico en el punto de mira
Este nuevo episodio de desahucios en asentamientos pone de relieve la vulnerabilidad del modelo económico de Ibiza, donde quienes sostienen la industria turística no pueden permitirse vivir en el lugar donde trabajan.
A pesar de las quejas de patronales y sindicatos, que advierten de la dificultad para encontrar personal debido precisamente a la vivienda, la orden de desalojo sigue adelante, dejando en el aire el futuro inmediato de estos 200 trabajadores a pocos días de que comience el flujo masivo de visitantes.
El dato: La precariedad ha llegado a tal punto que vivir en tiendas de campaña se ha convertido en la única opción para sectores que, paradójicamente, son el motor de la construcción y el servicio en la isla.













