Washington y Rabat firman una «hoja de ruta» de defensa hasta 2036 que consolida al reino alauí como el principal socio estadounidense en África frente a Argelia
La relación bilateral entre Marruecos y Estados Unidos ha alcanzado un nuevo hito histórico que redefine el equilibrio de fuerzas en el Magreb y el continente africano. El pasado 16 de abril, ambas naciones suscribieron en el Pentágono una «hoja de ruta de cooperación en materia de defensa» con una vigencia de diez años (2026-2036). Este acuerdo, firmado bajo el mandato de Donald Trump, profundiza una asociación que se remonta a 250 años atrás, cuando el reino alauí fue la primera nación en reconocer la independencia estadounidense.
La firma del documento contó con la presencia de Abdelatif Loudyi, titular de la administración de la Defensa marroquí, y el general Mohamed Berrid, máximo cargo militar del país, quienes se reunieron con Elbridge Colby, subsecretario estadounidense para la política de defensa. Aunque el texto íntegro no es público, los presupuestos de defensa de Marruecos para 2026 —que ascienden a 6.713 millones de euros, un 4,8% de su PIB— y las filtraciones del sector apuntan a una modernización sin precedentes de las Fuerzas Armadas Reales.
Los tres ejes de la potencia militar marroquí
La nueva estrategia se articula sobre tres pilares fundamentales que buscan situar a Marruecos en la vanguardia tecnológica y operativa:
1. Modernización del armamento: Marruecos se consolida como el principal comprador de armas estadounidenses en África. El acuerdo facilita el acceso a tecnologías hasta ahora restringidas, incluyendo helicópteros Apache AH-64E y bombas de precisión GBU-39B.
2. Interoperabilidad con EE. UU. y la OTAN: El Ejército marroquí se integrará de forma inminente en la red Link-16, un sistema de transmisión de datos tácticos en tiempo real utilizado por los países de la OTAN. Además, las maniobras African Lion, que comienzan este 20 de abril, servirán de campo de pruebas para cuarenta empresas tecnológicas de EE. UU.
3. Industria de defensa propia: Rabat busca reducir su dependencia exterior mediante la creación de plantas de producción local. Destacan la fábrica de blindados WhAP 8×8 con la india Tata, talleres de mantenimiento para F-16 con Lockheed Martin y una planta de la israelí BlueBird Aero Systems para fabricar el dron kamikaze SpyX.
El factor diplomático: Sáhara e Israel
Este salto cualitativo militar se sustenta en un sólido respaldo diplomático de la Administración Trump. Tras el reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental en 2020 y el restablecimiento de relaciones con Israel bajo los Acuerdos de Abraham, Washington ha impulsado en la ONU que el plan de autonomía de Rabat sea la base única de negociación frente al Frente Polisario y Argelia.
La ambición de Marruecos trasciende la resolución del conflicto del Sáhara. Expertos y analistas marroquíes señalan que el objetivo es erigirse en el socio estratégico imprescindible de la superpotencia en el continente. En este contexto, surgen propuestas de legisladores republicanos como Ted Budd y Joni Ernst para crear una alianza militar formal entre los firmantes de los Acuerdos de Abraham, concebida como un eje de seguridad contra Irán que conecte el Mediterráneo con el Golfo Pérsico.
Incluso voces cercanas al think-tank Middle East Forum sugieren la posibilidad de que instalaciones estratégicas como la base española de Rota pudieran trasladarse en un futuro a la base marroquí de Alcazarseguir, aunque mandos del Africom desmintieron tal extremo el pasado verano. Lo que parece indudable es que, de la mano de EE. UU. e Israel, Marruecos aspira a entrar en el grupo de las grandes potencias geoestratégicas mundiales.















