MADRID — Sectores de la extrema izquierda vinculados a las protestas del ámbito educativo contra el Gobierno de la Comunidad de Madrid barajan intensificar la presión callejera imitando las revueltas violentas registradas en Francia. Así se desprende de conversaciones internas a las que ha tenido acceso OKDIARIO, procedentes de chats de WhatsApp pertenecientes al Sindicato de Estudiantes en el marco del contexto político y electoral previo a los comicios del próximo 29 de noviembre.
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En las conversaciones, los participantes debaten sobre la presunta ineficacia de las movilizaciones de carácter pacífico y abogan por recurrir a la confrontación directa. “Si así no nos hacen caso, habrá que probar de otra manera, hasta que la gente se harte y de verdad se líe”, apunta uno de los integrantes del chat, justificando la vía de los altercados públicos.
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Tomando como referencia directa las imágenes de los graves disturbios y toques de queda en ciudades francesas, varios usuarios sugieren focalizar los daños materiales en determinados objetivos institucionales y comerciales de grandes multinacionales. Aunque algunos rechazan dañar el comercio local para evitar errores de estrategia, proponen explícitamente que “arda el ayuntamiento, Apple y Starbucks”.
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El factor electoral y el debate sobre la fractura social
El anuncio de la convocatoria de elecciones generales para el 29N funciona como elemento dinamizador en estos foros, donde algunos miembros apremian a la movilización bajo consignas que vinculan los comicios con la necesidad de «quemar las calles».
No obstante, las conversaciones también reflejan discrepancias tácticas entre los propios asistentes virtuales. Mientras unos defienden la radicalización como un «mal necesario», los perfiles más prudentes frenan la inmediatez de los actos violentos advirtiendo de la falta de un respaldo social masivo suficiente. Varios usuarios señalan que emprender acciones de esa magnitud en el actual escenario de polarización podría acarrear un rechazo generalizado y derivar en un conflicto civil interno, enfriando por el momento las llamadas directas al sabotaje callejero.













