El ya exministro apela al legado de sus abuelos represaliados y a la memoria de su padre tras renunciar por dignidad política y empatía con las víctimas de los accidentes de Urda y Adamuz
Óscar Puente ha puesto fin a su etapa al frente del Ministerio de Transportes buscando refugio en sus antecedentes familiares y en su memoria genética socialista. En su despedida del Ejecutivo, con el impacto de la tragedia de Urda sobre su gestión, el ya exministro ha recurrido al legado de sus antepasados, señalando los retratos de sus abuelos represaliados por el franquismo y el ejemplo de su padre para justificar una legitimidad política ante las circunstancias actuales. La renuncia del dirigente se produce tras registrarse dos catástrofes en la red ferroviaria que han dejado un balance global de 115 muertos: 46 fallecidos en el accidente de Adamuz y 69 en el de Urda.
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En su comparecencia de despedida, Óscar Puente ha asegurado que su decisión de dimitir responde a razones de «dignidad política, coherencia y empatía con las víctimas», confirmando asimismo que no concurrirá a las elecciones fijadas para el 29 de noviembre. La determinación del exministro se ha formalizado tras varios días en los que defendió públicamente su continuidad en el cargo, manteniendo que no había tomado ni omitido ninguna resolución que hubiera contribuido de forma directa a la producción del siniestro ferroviario.
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El legado de Antonio Santiago Álvarez y la vinculación con el PSOE
La narración del árbol genealógico del exministro tiene como figura central a su abuelo materno, Antonio Santiago Álvarez. Funcionario del Ayuntamiento de Valladolid y militante socialista, tras la conclusión de la Guerra Civil perdió su plaza laboral y permaneció encarcelado durante tres años, entre 1939 y 1942. Según los relatos compartidos por el propio Puente en diversas intervenciones públicas, su abuelo sufrió palizas semanales y fue sometido a duchas desprovisto de ropa con agua fría en el patio de la prisión durante los meses de invierno en Valladolid. Asimismo, ha rememorado cómo su abuela acudía semanalmente al presidio para entregar ropa limpia y retirar la prenda ensangrentada, evitando la ejecución cuando era trasladado en camión hacia las tapias del Campo de San Isidro por la intercesión de un conocido que alegó su condición de hombre religioso.
Antonio Santiago Álvarez falleció en 1968, año de nacimiento de su nieto. Esta historia familiar fue integrada por Óscar Puente en su argumentación política. En abril de 2024, durante el periodo en el que Pedro Sánchez meditaba su continuidad al frente del Gobierno, el entonces titular de Transportes recurrió a la peripecia de su abuelo ante el Comité Federal del PSOE para pedir al presidente que no dimitiera, argumentando que los reveses políticos presentes eran menores en comparación con las vivencias de su antepasado. Tras más de dos años, la misma referencia a la trayectoria de Antonio Santiago ha servido para enmarcar su propia salida del Gobierno.
Los orígenes en el campo gallego y la llegada a la alcaldía de Valladolid
La rama paterna del exministro se sitúa en el ámbito rural de Galicia. Su padre, Óscar Puente Varela, nació el 27 de diciembre de 1939 en O Mazo, una pequeña aldea de dos casas rodeada de bosques de robles en la parroquia de Santalla de Arxemil, perteneciente al municipio de Sarria (Lugo). Tras crecer en el campo con escasa escolarización en la posguerra, emigró con quince años a Madrid y posteriormente se estableció en Valladolid, donde trabajó en la reparación de aparatos de televisión y contrajo matrimonio con Carmen Santiago del Barrio, hija del funcionario represaliado.
Su madre, nacida en 1945 en la Plaza de las Monjas del barrio vallisoletano de La Victoria, militó en el PSOE y transmitió a sus hijos la ideología política. Óscar Puente se afilió a la formación socialista en 1990. Posteriormente, el 13 de junio de 2015, con motivo de su discurso de investidura como alcalde de Valladolid tras dos décadas de mandato de Javier León de la Riva, centró sus palabras en el origen familiar, recordando tanto a su abuelo apartado del consistorio como al alcalde socialista Antonio García Quintana, fusilado en 1937 y para quien su abuelo había trabajado. En aquella intervención se proclamó «de los de abajo», comprometiéndose a mantener el diálogo y la transparencia al frente de la corporación local.
En mayo de 2025, el exdirigente compartió una fotografía junto a su padre y su hijo recién nacido, tres generaciones bajo el nombre de Óscar Puente. La dimisión en clave electoral se formaliza tras dos accidentes que han provocado 115 fallecidos en total y han quebrado la confianza ciudadana en la seguridad del sistema ferroviario, dejando incógnitas por resolver en la gestión pública tras su salida del Ministerio de Transportes.












