Málaga, 28 de mayo de 2026 – En una tensa sesión celebrada este jueves en la Sección Primera de la Audiencia de Málaga, el sacerdote de 35 años acusado de sedar y agredir sexualmente a cuatro mujeres entre 2014 y 2018 ha negado rotundamente los hechos. Pese a la contundencia de las pruebas gráficas que constan en la causa, el procesado ha asegurado que los vídeos en los que aparece violando a las víctimas son falsos y que dichas situaciones «nunca» se produjeron.
El acusado, Francisco J.C., natural de Vélez-Málaga, se encuentra en prisión provisional desde septiembre de 2023 y se enfrenta a una petición fiscal de 72 años de cárcel por cuatro delitos de agresión sexual y contra la intimidad.
Negación rotunda ante la exhibición de las imágenes
Durante el interrogatorio, y ante la insistencia del acusado en declararse inocente, la fiscal solicitó al Tribunal la reproducción del material audiovisual incriminatorio en la sala. En estas grabaciones, según la acusación, se aprecia con claridad el rostro del párroco y se escucha su voz mientras perpetra las agresiones.
Pese a la dureza de las imágenes, el sacerdote permaneció impertérrito y no apartó la mirada de la pantalla, manteniendo una postura que causó perplejidad en el Ministerio Fiscal:
- Sostuvo firmemente que ni el rostro ni la voz que aparecen en los vídeos corresponden a su persona.
- Aunque en un momento concreto admitió que el hombre de la pantalla «se parecía a él», rectificó de inmediato asegurando que «esa situación no se ha dado».
- Rechazó valorar si las relaciones eran consentidas o no, insistiendo de forma perentoria en la falsedad del documento.
Una supuesta venganza sentimental
La estrategia de defensa del encausado se ha centrado en señalar a la mujer que destapó el caso, con la que reconoció haber tenido únicamente un «escarceo» y no una relación formal de pareja. Según su testimonio, la denunciante manipuló y orquestó todo el material gráfico como represalia tras haberle amenazado con «arruinarle la vida» si no consolidaba una relación con ella.
«Esos hechos no se han dado», reiteró el acusado, delegando la responsabilidad en la denunciante, de quien dijo que «es la que tiene que dar explicaciones» sobre la creación de los vídeos.
La respuesta de la Diócesis y el uso de su condición
A preguntas de las acusaciones particulares, Francisco J.C. negó haber utilizado su condición de religioso para ganarse la confianza de las víctimas o para atraerlas a su domicilio, argumentando que a varias de ellas ya las conocía antes de ordenarse sacerdote.
También se le inquirió sobre la reacción de la Iglesia al conocerse los rumores de la existencia de vídeos de contenido sexual. El procesado admitió haberse reunido en su día con el vicario episcopal de Melilla y con el obispo, pero defendió que les entregó voluntariamente su disco duro para demostrar su supuesta inocencia. Asimismo, desmintió que su posterior traslado a Málaga fuera un castigo de la institución, encuadrándolo en una decisión personal para «reflexionar» ante la presión psicológica que sufría.
El acusado contestó a todas las partes, provocando que su propia letrada declinara realizar preguntas al dar por concluido el extenso interrogatorio de la fiscalía. El juicio quedará visto para sentencia este viernes tras la exposición de los informes finales de todas las partes personadas.













