La subida de las temperaturas destapa deficiencias estructurales en el transporte, la energía y la sanidad del centro y norte del continente, mientras la OMS advierte de que la región se calienta al doble de la velocidad de la media mundial
Europa, especialmente su región central y norte, está demostrando no encontrarse preparada para afrontar las elevadas temperaturas que se están registrando en las últimas jornadas. Este episodio de calor inusual ha destapado múltiples fallos estructurales en sectores críticos como el transporte, la sanidad, la educación, el alojamiento y el mantenimiento de las condiciones básicas para la habitabilidad confortable. Lejos de la Europa mediterránea —integrada por países como Grecia, Italia, Portugal y España—, los Estados del centro del continente y la isla de Gran Bretaña sufren las consecuencias de no estar adaptados a un fenómeno climatológico que hasta ahora no era frecuente en sus territorios.
La gravedad de la situación se ve reflejada en el impacto directo sobre la salud humana. La Organización Mundial de la Salud (OMS) cifra en más de 1.300 los fallecimientos en el continente europeo con una relación directa con la ola de calor desde el pasado 21 de junio. Según este organismo de la ONU, Europa se está calentando a un ritmo superior al doble de la media mundial, registrándose en los últimos días temperaturas que han superado los 30°C en plena madrugada en algunas ciudades. Hans Kluge, director de la Oficina de la OMS para Europa, señala que «las olas de calor ya no son episodios aislados o excepcionales», sino que se han convertido en «crisis recurrentes, cada vez más frecuentes, más intensas y más duraderas».
El transporte y las autopistas alemanas, al límite por las temperaturas
Las infraestructuras de transporte han sido unas de las principales damnificadas por los termómetros, que en puntos como la ciudad alemana de Leipzig han rozado los 40°C. En esta localidad, la autoridad de transporte público LVB se vio obligada a suspender todos los servicios de tranvía tras quedar licuado y apelmazado el material sellante de las juntas entre las vías y el asfalto, inutilizando los raíles. Asimismo, la red ferroviaria de Deutsche Bahn recomendó evitar los desplazamientos e incluso permitió la cancelación de billetes de larga distancia sin penalización debido a que varios trenes fueron suspendidos y las líneas de alta velocidad entre Múnich y Hamburgo acumularon retrasos de hasta 90 minutos por el calor. Los problemas por deformación de vías y la consiguiente suspensión de trayectos se han extendido al este de Austria, Reino Unido, Francia y Bélgica.
En la red de carreteras de Alemania, las placas de hormigón de las autopistas (autobahn) se han arqueado hasta 15 centímetros. La A2 registró roturas en el pavimento en dos puntos próximos a Berlín, la A7 anuló el tráfico en uno de sus carriles cerca de Hamburgo y la A115 tuvo que ser cerrada de emergencia en dirección a Nuthetal, entre Potsdam-Drewitz y el enlace de Saarmund, debido a una deformación del hormigón que generó un saliente peligroso. Además, en el país germano se han cancelado actividades culturales, como la Feria del Libro de Berlín, y cerrado tramos de carreteras por temor a que venza el asfalto.
El dilema del aire acondicionado en los hogares europeos
El alojamiento en el continente evidencia una notable falta de climatización. De media, solo alrededor del 20% de los europeos disponen de aire acondicionado en sus casas, una cifra muy alejada del 90% registrado en Estados Unidos. Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, el 85% de los hogares en Alemania carecen de aire acondicionado o ventiladores, mientras que en España dicho porcentaje se sitúa en el 63%.
Brian Motherway, miembro de la Agencia Internacional de Energía, expone que en Europa no existe una tradición de aire acondicionado debido a que hasta hace relativamente poco no se consideraba una necesidad importante. Esta situación plantea un dilema recogido por la cadena CNN News: abrazar el aire acondicionado intensivo en energía, con los impactos climáticos negativos que conlleva, o hallar formas alternativas para afrontar el futuro. Pese a ello, según datos del Instituto Internacional de Refrigeración citados por CBS News, se prevé que el parque europeo de estos aparatos se duplique para el año 2050, provocando que en Francia las tiendas ya se hayan quedado sin existencias.
A nivel global, la temperatura media de la Tierra ha aumentado aproximadamente 1,5°C respecto a los niveles preindustriales. Aunque los Acuerdos de París en la COP21 fijaron este límite, los cálculos actuales indican que se habrá rebasado para 2030. Los registros climáticos de la NASA y la Unión Europea confirman que el calentamiento se ha acelerado a un ritmo de unos 0,35°C por década. La agencia espacial estadounidense (NASA) constató que la temperatura promedio de la superficie del planeta en 2024 fue la más cálida desde 1880, mientras que la Organización Meteorológica Mundial ratificó que 2025 fue uno de los tres años más calurosos y que los últimos once años se posicionan como los más cálidos jamás registrados. Las estimaciones de la OMS reflejan que las muertes en Europa en 2023 habrían sido un 80% más elevadas sin las medidas de adaptación implantadas, un porcentaje que en personas de 80 años o más se habría duplicado.
Medidas de urgencia en Francia y protestas en Bélgica
En Francia, el calor extremo ha obligado a detener o disminuir la producción de varias centrales nucleares, dado que el agua de los ríos empleada para la refrigeración se encuentra demasiado caliente. Además, el 90% de los hospitales franceses no están adaptados para las condiciones de calor extremo, lo que ha forzado a las autoridades a cerrar colegios y modificar los horarios de trabajo. Ante la falta de climatización, los ciudadanos han recurrido a sistemas caseros, popularizando en redes sociales la cobertura de ventanas con papel de aluminio o mantas térmicas para frenar la radiación solar. En París, con tres cuartas partes de los tejados construidos con materiales que absorben el calor, los ciudadanos se congregan en las orillas del Canal Saint-Martin para bañarse. Esta situación ha llevado al ministro francés de Trabajo, Jean-Pierre Farandou, a anunciar un próximo viaje a España para conocer de primera mano las medidas laborales aplicadas por el Gobierno español ante las olas de calor.
Por último, en Bélgica se han registrado suspensiones de clases en centros educativos. En Bruselas, ante la inexistencia de piscinas exteriores públicas en la capital, diversos activistas organizaron remojones en estanques públicos a modo de protesta. La acción se produjo en respuesta a las declaraciones del ministro de Defensa belga, Theo Francken, quien ironizó sobre el episodio climatológico recomendando a la población recurrir a «piscina, cerveza y barbacoa».


















