La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, inicia este fin de semana un viaje oficial a Nueva York con una marcada agenda económica y política. La visita se produce en un momento de extrema sensibilidad internacional, marcado por el enfrentamiento abierto entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a raíz de la postura española en el conflicto con Irán.
Agenda económica y búsqueda de inversión
El objetivo principal del viaje es reforzar la imagen de Madrid como polo de atracción para el capital estadounidense. Ayuso tiene previsto mantener reuniones con cerca de un centenar de empresarios de compañías punteras. Según fuentes del Gobierno regional, la presidenta busca estrechar lazos con sectores tecnológicos y financieros en un intento de asegurar inversiones que, a su juicio, podrían verse comprometidas por la deriva de la política exterior del Ejecutivo central.
Cabe destacar que Estados Unidos será la nación invitada en la próxima edición de Hispanidad 2026, lo que subraya la estrategia de «distancia infinita» que Ayuso quiere marcar respecto a la gestión de Moncloa, posicionando a Madrid como una administración «proamericana».
Críticas a la gestión de Sánchez
La presidenta madrileña no ha ocultado su rechazo a la decisión de Pedro Sánchez de no permitir el uso de las bases militares españolas (Rota y Morón) para las operaciones lideradas por EE. UU. e Israel en Oriente Medio. Ayuso ha calificado esta postura como una «peineta» a un aliado estratégico, advirtiendo que España está quedando «a la altura del betún» y exponiéndose a graves represalias.
«No puede ser que no se pueda confiar en España porque le damos la espalda a naciones enteras. Ya veremos cuando tengamos un problema serio de seguridad si podemos pedir ayuda», afirmó la dirigente antes de su partida.+1
El contexto: Amenaza de embargo y el «No a la guerra»
El viaje coincide con un cruce de declaraciones incendiarias. Mientras Donald Trump ha tildado a España de «perdedora» y ha amenazado con un posible embargo comercial, Sánchez ha recuperado el eslogan del «No a la guerra», encontrando en este rechazo al conflicto un punto de cohesión con el electorado de izquierdas.
Según los sondeos más recientes, una parte mayoritaria de la población española respalda la decisión de no ceder las bases para el ataque a Irán, una postura que Ayuso interpreta como un alineamiento implícito con el régimen teocrático iraní y un aislamiento peligroso del núcleo de poder occidental.




















