El Real Madrid pasó del elogio a la zozobra en apenas cuatro días. Tras una actuación solvente en Vila-real, el equipo blanco se estrelló en Lisboa con un despropósito defensivo que le costó una dura derrota ante el Benfica. El estadio Da Luz, históricamente favorable para los madridistas, se convirtió esta vez en una prisión sin escapatoria para los de Arbeloa, con José Mourinho ejerciendo de carcelero jefe.
Lejos de la imagen conservadora que ha acompañado al técnico portugués durante buena parte de su carrera, el Benfica se mostró presionante, valiente y sin complejos. Un equipo intenso que sacó los colores a un Madrid superado en todas las facetas defensivas y que encajó cuatro goles en una noche para el olvido. El calendario amable y el optimismo reciente se esfumaron de golpe.
Los números reflejan con crudeza la magnitud del naufragio. El conjunto blanco concedió 22 remates, 12 de ellos entre los tres palos, el peor registro de la temporada y aún más grave que los nueve tiros a puerta recibidos en Anfield. Thibaut Courtois evitó un castigo mayor con siete paradas, algunas de enorme mérito, como el espectacular vuelo a mano cambiada ante Prestianni. Pero ni siquiera su actuación fue suficiente para frenar la debacle.
La involución defensiva quedó también patente en otros aspectos del juego. El Madrid realizó solo 44 recuperaciones, muy lejos de las 61 ante el Mónaco o las 57 frente al Villarreal. Hizo menos entradas, ganó menos duelos aéreos y, lo más llamativo, corrió mucho menos que su rival. Según los datos de la UEFA, el Benfica recorrió 152 kilómetros por los 142 del Madrid: diez kilómetros de diferencia, mil menos por cada jugador de campo blanco. Demasiada desventaja para competir en Europa sin brillo con balón.
En defensa, el equipo fue un bloque frágil de principio a fin, con una zaga especialmente señalada. Carreras, en su regreso a la que fue su casa, sufrió enormemente y quedó retratado en el primer gol local. Huijsen volvió a mostrarse blando e impreciso, mientras que Asencio pasó del cielo al infierno: de firmar una asistencia magnífica a Mbappé en el 0-1 a errar de forma grave en el empate, quedar superado en el 3-1 y acabar expulsado por doble amarilla.
Una noche negra en Lisboa que deja al Real Madrid tocado, con más dudas que certezas y la sensación de que, sin intensidad ni solidez defensiva, Europa no perdona. Ni siquiera cuando Courtois lo para casi todo.


















