Tras cerrar 2025 con un crecimiento cercano al 3 % del PIB, España se perfila como la principal economía avanzada con mejor ritmo de expansión en 2026. Diversos organismos proyectan un avance superior al 2 %, muy por encima de países como Alemania, Francia o Italia —una señal de que el país parece capeando la inestabilidad global mejor que muchos de sus vecinos.
Según los datos difundidos, España cerrará 2025 con un crecimiento del 2,9 % del PIB, muy por encima del promedio de la eurozona. Para 2026, los pronósticos de organismos como Fondo Monetario Internacional (FMI), Comisión Europea , OCDE, el Banco de España e incluso el servicio de estudios de CaixaBank Research coinciden en que España superará el 2 % de crecimiento.
Los motores que explican este vigor económico son varios: por un lado, la fortaleza del mercado laboral, con creación de empleo sostenida y mejora de salarios reales. Por otro lado, el consumo interno y la inversión residencial se mantienen activos, impulsados por la mayor renta disponible de los hogares y por un entorno de tipos de interés más benigno. Además, el despliegue de fondos europeos y las inversiones ligadas a la transición energética e infraestructuras contribuyen a dinamizar el gasto y la actividad empresarial.
La combinación de esos factores permite que España mantenga una cierta independencia frente a los envites globales —como la incertidumbre geopolítica, tensiones comerciales o subida de precios energéticos— y consolide su posición como uno de los países avanzados con mejor desempeño económico. Esto no significa que no existan riesgos: la dependencia de la demanda interna, los desequilibrios regionales (con zonas como Madrid y Cataluña concentrando gran parte del PIB), y la vulnerabilidad del turismo ante cambios internacionales son algunas de las amenazas señaladas por los analistas.
Qué se espera de 2026
- Crecimiento del PIB entre 2 % y 2,4 %, según distintos organismos.
- Mantenimiento del empleo y avance en salarios reales, con estímulo al consumo interno.
- Impulso de la inversión residencial y del gasto en bienes duraderos por parte de hogares.
- Aumento de inversiones ligadas a fondos europeos, transición energética e infraestructuras.
Desafíos y sombras en el horizonte
Aunque las perspectivas son positivas, los economistas advierten que habrá que vigilar:
- Una posible ralentización si el consumo interno pierde impulso o si suben los tipos de interés.
- La debilidad de los socios comerciales de España, que puede afectar exportaciones y turismo.
- Necesidad de reformas estructurales: laboral, fiscal y de cohesión territorial, para asegurar que el crecimiento se distribuya de forma más equitativa.
- Dependencia de fondos europeos: una vez estos fondos se agoten, será clave mantener la inversión privada y la productividad.
España llega a 2026 en un momento favorable: tras años de crisis económica, la combinación de empleo, consumo, inversión y apoyo europeo le permite mirar al futuro con optimismo. Pero el reto ahora consiste en consolidar ese crecimiento, corregir desequilibrios territoriales y asegurar que las mejoras lleguen a amplios sectores. Si lo consigue, podría no solo liderar entre las grandes economías, sino sentar las bases de un crecimiento sostenible y estable.


















