El presentador de En boca de todos (Cuatro), Nacho Abad, ha protagonizado un duro editorial contra la reciente gala de los Premios Goya, cuestionando la selectividad ideológica de los discursos realizados durante la ceremonia. Para el comunicador, la gala se convirtió en una «trinchera» donde se ignoraron injusticias y tragedias que afectan directamente a España.
Un discurso centrado en las ausencias
Abad comenzó su intervención en Cuatro criticando la tendencia del sector cinematográfico a alinearse con un «hooliganismo» de izquierdas, lamentando que la objetividad brillara por su ausencia. El presentador enumeró una serie de temas que, a su juicio, fueron deliberadamente omitidos durante la noche:
- Política internacional selectiva: Cuestionó que se hablara del conflicto en Gaza sin mencionar a las víctimas israelíes del 7 de octubre, ni la represión histórica de la teocracia iraní contra su propio pueblo.
- La memoria de ETA: Criticó que se hiciera referencia a las «manos blancas» sin mencionar explícitamente a ETA, tachando de omisión interesada el recuerdo de Miguel Ángel Blanco.
Las víctimas españolas: «La gran olvidada»
El punto más crítico de su editorial se centró en la ausencia de reivindicaciones sobre los problemas internos de España, especialmente teniendo en cuenta la presencia del presidente del Gobierno en la sala. Abad planteó una serie de preguntas retóricas:
«¿Nadie se acordó de las víctimas de Adamuz? ¿Ni una palabra de cariño y aliento para las familias? ¿Nadie se acordó de la falta de inversión en infraestructuras, de la corrupción en el PSOE o de defender a los jueces frente a las presiones políticas?».
Para el periodista, hubo un contraste marcado entre el activismo mostrado por algunos actores y el silencio ante problemas como la corrupción o la situación judicial, llegando a criticar que se intentara blanquear la figura del Fiscal General del Estado.
«La fiesta del cine debería hablar solo de cine»
Abad concluyó su editorial con una recomendación directa a la Academia: evitar que la ceremonia se convierta en una extensión de la política. Según el presentador, al politizar el evento, los artistas corren el riesgo de perder la «justicia, equidad y objetividad» al ignorar a todas aquellas víctimas que no encajan en la agenda de la «gran hermandad de las izquierdas».




















