Con 29 años, el tenista alemán vence al italiano Flavio Cobolli en una agónica final a Pipsets para alzar su primer título de Grand Slam y hacer historia para su país.
Dicen que nunca es tarde si la dicha es buena. Alexander «Sascha» Zverev ha tenido que esperar hasta los 29 años y a su cuarto intento en una final de Major, pero ya puede llamarse, por fin, campeón de Grand Slam. El alemán se coronó sobre la tierra batida de la Philippe Chatrier tras derrotar al italiano Flavio Cobolli en una final memorable, resuelta en cinco sets (6-1, 4-6, 6-4, 6-7 (5) y 6-1) después de 4 horas y 16 minutos de pura batalla emocional y física.
Con este triunfo, Zverev se quita de encima la etiqueta de «el mejor tenista sin un grande» y logra una gesta histórica: es el primer alemán en ganar Roland Garros en la Era Open (desde 1968), un hito que se le resistió incluso al mítico Boris Becker. El último tenista teutón en ganar un Grand Slam había sido el propio Becker en el Open de Australia de 1996.
El salvavidas de una «generación perdida»
La victoria de Zverev no es solo un logro personal, sino un respiro para la llamada «generación de los 90». Atrapados durante años bajo el dominio implacable del Big Three (Federer, Nadal y Djokovic) y asediados ahora por la nueva ola que lideran Carlos Alcaraz y Jannik Sinner, los nacidos en esa década apenas han podido rascar títulos.
Zverev es solo el tercer tenista nacido en los 90 en ganar un Slam, uniéndose a:
- Dominic Thiem (US Open 2020, precisamente ante Zverev).
- Daniil Medvedev (US Open 2021).
Llorando sobre la arcilla parisina, Zverev espantó los fantasmas de 2022, cuando en esta misma pista sufrió una terrorífica rotura de tobillo ante Rafa Nadal que amenazó su carrera. El alemán también tuvo que sobreponerse a un público mayoritariamente hostil que le silbó en varios tramos, condicionado por la alargada sombra de sus polémicas extradeportivas y la simpatía hacia el rival más débil.
Una montaña rusa de tenis y nervios
El partido arrancó con un Zverev inusualmente concentrado que pasó por encima de un Cobolli atenazado por los nervios, llevándose la primera manga por un contundente 6-1. Sin embargo, cuando el encuentro parecía encarrilado a favor del hamburgués en el segundo set, aparecieron las dobles faltas y el italiano se creció. Cobolli, que llegaba más fresco tras no haber jugado las semifinales por la retirada por virus de Matteo Arnaldi, empezó a desplegar un tenis valiente, lleno de dejadas y subidas a la red que desarbolaron al alemán para empatar el partido.
El tercero cayó del lado de Zverev gracias a los errores no forzaos de Cobolli en el tramo final, pero en el cuarto set reaparecieron los peores fantasmas del teutón. Recordando las finales perdidas del US Open 2020 o Roland Garros 2024, Zverev amagó con el autoboicot: sufrió calambres, perdió ventajas y, pese a forzar el tie-break (donde acumulaba una racha espectacular de 21 victorias de las últimas 22 disputadas en París), Cobolli jugó con una agresividad tremenda para forzar el quinto set.
El palmarés de Zverev tras la gloria en París:
- 1 Grand Slam (Roland Garros 2026)
- 1 Oro Olímpico (Tokio 2020)
- 2 ATP Finals
- 7 Masters 1.000
- 25 Títulos totales en su carrera
El derrumbe de Cobolli y la gloria de Sascha
En el parcial definitivo, lejos de hundirse mentalmente por la oportunidad perdida, Zverev tiró de orgullo y veteranía. Logró un quiebre tempranero que desestabilizó por completo a Cobolli. El italiano, mermado también en lo físico tras el tremendo esfuerzo y teniendo que ser atendido por los médicos, terminó por desplomarse.
Con un inapelable 6-1 final, Zverev cerró el partido para añadir la Copa de los Mosqueteros a sus vitrinas. Al término del encuentro, ambos tenistas se fundieron en un sincero abrazo en la red, reflejo de su gran relación, poniendo el broche de oro a una final que ya es historia del tenis moderno















