Los de Giráldez firman una victoria heroica en Balaídos pese a jugar más de una hora con diez
El Celta escribió este jueves otro capítulo memorable de su historia reciente en Europa. Lo hizo en Balaídos, ante el Lille, en una noche marcada por el sufrimiento, el trabajo colectivo y una enorme dosis de carácter. La victoria por 2-1 permite al conjunto de Claudio Giráldez asegurar su presencia en el ‘play-in’ de la Europa League y mantener intacta la ilusión continental.
El partido no pudo empezar mejor para los celestes. Apenas se había asentado el público en sus asientos cuando un grave error del Lille en la salida de balón fue castigado con contundencia: Borja Iglesias anticipó, Aspas asistió y Swedberg definió para adelantar al Celta en el primer minuto. Un inicio soñado que reforzó el dominio local durante los primeros compases.
Sin embargo, el guion cambió bruscamente en el minuto 27. Hugo Sotelo fue expulsado tras la revisión del VAR, que castigó como acción temeraria un pisotón involuntario. Con más de una hora por delante y en inferioridad numérica, el encuentro se transformó en una prueba de resistencia.
Sesenta minutos de fe y orden
Lejos de encerrarse, el equipo de Giráldez mantuvo la calma y el orden táctico, minimizando a un Lille espeso y sin ideas. Radu apenas tuvo que intervenir durante gran parte del choque, y solo un remate a bocajarro de Giroud, bien resuelto por el meta celeste, alteró momentáneamente la tranquilidad local.
El golpe casi definitivo llegó tras un saque de esquina. Pablo Durán puso un centro medido y Starfelt, imponiéndose en el juego aéreo, cabeceó con precisión para hacer el segundo, con ayuda del palo. Balaídos estalló ante una ventaja que parecía definitiva.
Giroud siempre amenaza
El final, sin embargo, no fue plácido. Un error de Javi Rueda dio vida al Lille: Diaoune ganó línea de fondo tras un caño a Mingueza y Giroud, fiel a su instinto, empujó el balón a la red para recortar distancias. De ahí al pitido final, tocó sufrir.
Pero el Celta resistió. Y lo hizo con la personalidad de un equipo que cree en lo que hace. La clasificación para la siguiente ronda ya es una realidad y, aunque el top-8 aún es una incógnita, la sensación es clara: este Celta compite, no se rinde y sigue soñando en Europa.

















