A cinco meses del inicio del Mundial 2026, la FIFA se enfrenta a un frente inesperado que amenaza con alterar la que será la edición más grande de la historia del fútbol: 48 selecciones, tres países sede —Estados Unidos, México y Canadá— y un conflicto diplomático que ha traspasado el terreno deportivo.
El epicentro de la polémica está en la Casa Blanca. Donald Trump, que recientemente regresó a la presidencia de Estados Unidos, ha insistido en su intención de anexar Groenlandia, argumentando motivos de “seguridad nacional”. La propuesta ha generado la indignación de Dinamarca, la Unión Europea y la OTAN, y ha tensado las relaciones con varios países europeos.
Desde Alemania, la reacción no se hizo esperar. Jürgen Hardt, miembro de la Unión Demócrata Cristiana y cercano al canciller Friedrich Merz, sugirió en una entrevista con Bild que la Mannschaft podría retirarse del torneo como medida de presión: “Cancelar el torneo solo se consideraría como último recurso para que el presidente Trump recapacite sobre la cuestión de Groenlandia”, afirmó Hardt.
La advertencia no es menor. Alemania, tetracampeona mundial, es una de las selecciones más emblemáticas del planeta. Su ausencia supondría un golpe multimillonario para la FIFA y los países anfitriones, tanto en términos deportivos como económicos.
El conflicto se agrava por las recientes decisiones de la administración estadounidense, que ha impuesto aranceles del 10% a ocho países europeos —entre ellos Alemania, Francia y Dinamarca— como represalia por su oposición al plan sobre Groenlandia. A esto se suman tensiones internas en Estados Unidos, con redadas migratorias, protestas y un gobierno envuelto en disputas internacionales, aunque el país continúa preparándose para recibir la gran cita futbolística del verano.
El debate ha trascendido las fronteras. Figuras mediáticas como Piers Morgan han sugerido públicamente que varias potencias europeas —Inglaterra, Francia, España, Alemania, Portugal, Países Bajos, Noruega e Italia— podrían suspender su participación mientras continúan las negociaciones con Trump. Aunque estas declaraciones suenan más a provocación que a plan real, muestran la magnitud de la crisis que enfrenta la FIFA.
Por su parte, expertos y veteranos del fútbol, como Claude Le Roy, han dejado entrever mensajes similares desde África, reforzando la idea de un boicot como herramienta de presión política. De momento, la amenaza sigue en el terreno de la conjetura, pero el escenario sería un auténtico terremoto para la organización si se concretara.
Gianni Infantino y la FIFA tendrán que decidir entre mantener la tradición de una Copa del Mundo inclusiva o enfrentarse a un dilema sin precedentes si las amenazas alemanas se materializan. Por ahora, la pelota sigue en el tejado político.




















