El exlíder de la formación política aborda en una entrevista las dificultades para conciliar la paternidad con sus responsabilidades públicas y detalla la diferencia entre la crianza de sus dos hijas.
Albert Rivera ha repasado de manera pormenorizada las dificultades personales y familiares que marcaron su trayectoria durante sus años de máxima responsabilidad al frente de Ciudadanos. El abogado y exdirigente político, que tradicionalmente ha procurado mantener su vida privada alejada del foco mediático, ha compartido las repercusiones que la intensa dedicación a la actividad pública tuvo en la relación con sus hijas, Daniela y Lucía, admitiendo los sacrificios que asumió en su rol paterno mientras lideraba la formación.
Estas declaraciones se han producido durante su participación en el podcast ‘La fórmula del éxito’, un espacio audiovisual presentado por Uri Sabat. En este marco de conversación, Rivera ha recordado la exigencia de una etapa en la que su carrera profesional condicionó de forma significativa su entorno familiar, especialmente en lo que respecta a la infancia de su hija mayor.
El impacto de la primera línea política en la paternidad
El testimonio de Albert Rivera pone de manifiesto que su experiencia como padre ha sido marcadamente diferente con cada una de sus hijas debido a las circunstancias profesionales que atravesaba en cada nacimiento. Su hija mayor, Daniela, nació fruto de su relación con Mariona Saperas en un momento en el que la carrera política del entrevistado comenzaba a despegar. El incremento progresivo de responsabilidades institucionales, los viajes constantes y las campañas electorales obligaron al entonces líder de Ciudadanos a pasar largas temporadas fuera del hogar familiar, una realidad que, según reconoce en la actualidad, le produjo cierta tristeza.
Durante aquellos años de consolidación de Ciudadanos, Rivera admite que la infancia de Daniela concentró la mayor cantidad de sacrificios personales. El exlíder político explica que realizaba trayectos de grandes distancias en avión con el único propósito de compartir unas pocas horas o una tarde junto a su hija mayor, antes de reincorporarse de inmediato a sus obligaciones de partido. «Yo te diría que estaba 24/7 en política», ha manifestado de forma explícita para ilustrar una etapa de dedicación permanente que apenas dejaba margen para el desarrollo de la vida personal.
La inexistencia de la conciliación en las altas responsabilidades
El análisis de Rivera sobre el ejercicio de la política en España incluye una perspectiva crítica hacia la viabilidad de compatibilizar la gestión pública con las dinámicas de la vida familiar. A su juicio, la conciliación no es una opción real para quienes asumen puestos de alta responsabilidad en el Estado, debido a la necesidad de mantener una disponibilidad absoluta para atender convocatorias de prensa, actos institucionales o contingencias de la actualidad.
En este sentido, el exdirector de la formación naranja se ha mostrado contundente al definir las prioridades del cargo: «Tienes que tener en cuenta que el país está por delante de familia. Tú no puedes decir: ‘ah no, es que hoy es mi tarde libre con mi hija’». Bajo esta premisa, considera que el funcionamiento de la primera línea política impide de manera sistemática priorizar los compromisos e intereses familiares frente a los deberes derivados de la representación pública.
Un cambio de etapa tras su dimisión y el nacimiento de Lucía
El escenario personal del antiguo político experimentó un cambio definitivo con la llegada de su segunda hija, Lucía, nacida en junio de 2020. El nacimiento se produjo pocos meses después de que Rivera anunciara formalmente su retirada de la primera línea de la actividad política y su dimisión como presidente de Ciudadanos. «Justo nació Lucía cuando yo di la rueda de prensa de mi dimisión. Yo ya sabía que iba a ser padre, pero todavía no era público», ha revelado respecto a la coincidencia temporal de ambos acontecimientos.
La desvinculación de los cargos de representación pública le permitió afrontar esta nueva paternidad desde una perspectiva diferente, caracterizada por una mayor estabilidad, calma y disponibilidad de tiempo para dedicarse a la crianza de la menor, nacida de su relación sentimental con la cantante Malú.
Estabilidad profesional y personal en el presente
En la actualidad, Albert Rivera se encuentra completamente alejado de la política activa y centrado en el desarrollo de nuevos proyectos profesionales. Esta situación le ha permitido consolidar una etapa de mayor tranquilidad familiar, manteniendo una relación cercana con sus dos hijas, con quienes comparte el tiempo que anteriormente se encontraba supeditado a las exigencias de su agenda pública.
En el plano sentimental, el ex político también atraviesa un periodo de estabilidad. Tras su ruptura con la cantante Malú en el verano de 2023, acontecida tres años después de ser padres de su hija común, Rivera inició una relación amorosa a finales de ese mismo año con Carla Cotterli, influencer, empresaria y diseñadora de moda. La pareja se ha dejado ver de manera pública compartiendo diversos planes y eventos, consolidando la actual etapa vital del que fuera presidente de Ciudadanos.















